27 de agosto de 2014

El intercambio




A los 16 años hice un intercambio con Alemania en el instituto. Esto es: unos cuantos fuimos a Alemania quince días a casa de familias de allí y luego eran ellos los que venían a casa. Genial, no? Pues no. Fue una mierda.

Para empezar, no teníamos ni idea de alemán. Y eso es un problema, sobre todo en Alemania. Así, que no nos quedaba otra que intentar comunicarnos en inglés. Y, la verdad, el inglés tampoco se nos daba muy bien a ninguno.

Total que ahí estaba yo, con mis 16 años, inocente e ingenua ( sí, inocente e ingenua os lo juro!), sin poder comunicarme, en casa de una familia extraña. Y el colmo, la adolescente que me había tocado en suerte para hacerme la vida más fácil allí era una verdadera zorra.

Pensaréis que exagero. Así que os contaré en qué consistió mi primer día allí  y me entenderéis.

Llegamos a la casa y la niña me presenta a su familia. Ni siquiera recuerdo la cara de su padre, porque jamás volví a verlo en los quince días que estuve allí. A la madre, en cambio, la veía cada día, era la que me abría la puerta por la noche y me acompañaba a mi cuarto sin darme de cenar ni ná! Pero en fin, que me voy, estábamos con el primer día. Después de conocer a la familia, nos sentamos a comer. Medio librito de jamón y queso, medio!! Y cuatro macarrones, de verdad, sólo cuatro! Y en cuanto termino, me acompañan a mi cuarto.

Entonces no había móviles, ni whatssapp ni facebook, ni nada! Era la prehistoria! Y yo, con 16 años, estaba encerrada y sola en un cuarto en Alemania... No recuerdo si lloré, pero casi seguro que sí.

Después de unas horas que me parecieron años, Tanja (así se llamaba la zorra) se presenta en mi cuarto con un par de sacos de dormir, me da uno y me dice: come on! Ni me molesté en preguntar a dónde, no recordaba cómo coño se decía en inglés. Además, me daba igual a dónde, el caso era salir de ahí.

Después de un ratito en coche, nos dejan en una casa enorme. Al entrar y ver ahí al resto de españoles (y a unos mil alemanes) me dio un subidón! Nos abrazamos todos como si hiciera años que no nos veíamos. Y todos queríamos explicar lo mal que lo habíamos pasado hasta ahora y lo felices que nos habíamos sentido al ver ahí a los demás. La verdad es que ahora lo pienso y me da una pena...

Aún faltaba lo mejor, la experiencia que iba a marcarme para siempre consiguiendo que no olvidara nunca mi estancia en ese país. De repente, estando yo con mis amigas, la mar de a gusto y preguntándome para qué sería el saco de dormir, Tanja viene a por mí. De nuevo, escueta: come on! Joder, con lo bien que estoy? En fin, vamos...

Nos íbamos Tanja, su amiga Sandra, dos chicos que era la primera vez que veía y yo. A dónde? A un apartamento. Por llamarlo de alguna manera, porque se trataba de una habitación diminuta, con cocina incorporada y un sofá como único mueble.
En ese sofá estaba yo. Delante de mí, en la moqueta, por un lado Tanja y el chico moreno, dale que te pego. Por otro lado, Sandra y el chico castaño, dale que te pego también. En serio. Es en momentos así en los que te planteas cosas como: Dios existe? Y si existe, por qué me odia? Y si no me odia, por qué no baja ahora mismo a darles una paliza a esta panda de adolescentes salidos?? Joder, no sabía qué cara poner ni a dónde mirar.

Pero la cosa no acababa ahí, qué va! De repente, oímos como alguien mete la llave en la cerradura. Yo no me asusté demasiado, todo era posible para mí en esos momentos, hasta que vi las caras de horror absoluto que ponían ellos. Entró un tío, enorme, con una chica a lo que entonces yo ya imaginaba que era el picadero de la panda. Y este debía de ser el dueño del picadero o el jefe de la panda, una de dos, porque nos echó de ahí a patadas, literalmente. Y gritando como un energúmeno, el cabrón, que yo no sé lo que decía, pero nada bueno seguro!

Así,  que más o menos a las 4 de la madrugada, a unos 5 grados bajo cero estábamos los cinco en la calle. Ellas llorando, ellos soltando improperios en alemán, o quizás en chino, nunca lo sabré porque para mí sonaba igual. Y yo. Triste, aturdida y muerta de frío, queriendo a mí mamá y preguntándome quién me mandaría a mí apuntarme al puto intercambio?!

Al final, después de un par de horas sentados en un bordillo en la puta calle, Sandra se armó de valor y llamó a su padre. Las dos habían contado en casa que dormirían en casa de la otra y no les quedó otra que confesar. El padre de Sandra nos vino a buscar, cabreado también, como no, y la noche más larga de mi vida terminaba por fin, durmiendo con el saco de dormir en el suelo de su cuarto.

Esta historia es totalmente real. Lo prometo. Pero, al contrario de lo que pueda parecer, el resto de mi estancia no estuvo del todo mal. Viví al margen de Tanja y su familia de locos y hasta tengo algún recuerdo bueno :)

16 comentarios:

  1. Qué fea llegada. Menos mal que el resto de los días no fueron así.

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  2. ¿Seguro, seguro que es verdad? xDD Para que luego digan que la juventud española que si patatín, que si patatán.

    Mujer, ¿para qué iba a ser un saco de dormir, sino? Jajajajaja.

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    1. Ay la juventud es juventud en todos lados... Pero ahí lo que había, más que juventud, era gilipollez!

      Lo que la alemana no entendía entonces es que llegaría el momento en que ella estaría en mi casa... XD

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  3. vaya experiencia, Te vengaste de la alemana cuando llegó a tu casa?

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    1. Quisiera decirte que no... Pero la ignoré tanto como me permitieron mis padres, que estuvieron más pendientes de ella que de mí los suyos.

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  4. Con miedo he entrado, lo sepas. Como andas desatada he pensado que ahora venía una de intercambio de parejas jaja.
    Un intercambio chungo, Telma, que sensación de desprotección más mala.
    Un beso, a la zorra un escupitajo

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    1. Jajajaj un intercambio de parejas?? Bueno, no descartes que algún día te sorprenda :)

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  5. Ayy menos mal que lo cuentas ahora, si lo llegas a contar antes de que Peque se fuese de intercambio, creo que no la hubiera dejado ir, de lo que probablemente me arrepentiría, pues para ella fue una experiencia estupenda, desde el principio al fin.
    Besines

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    1. Leí que tu peque hacía un intercambio y me acordé del mío jajaja
      Me alegro de que para ella fuera una experiencia positiva :)
      Besos!

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  6. Pues si que es cierto que vaya mierda de intercambio! y además con 16 años tuvo que ser durillo eh?
    Me alegro que quedara en un primer día nefasto y el resto al menos alguna buena experiencia!
    Besitos

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    1. Sí, también tengo buenos recuerdos. Y los malos, como este, me sirven como anécdotas buenísimas :)

      Besos!

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  7. Yo no te creo que a los 16 eras inocente e ingenua, y si tienes que jurarlo, menos te creo. (Estoy comenzando a pensar que aquí, todo lo que parece verdad es mentira, y todo lo que parece mentira es verdad. Un lío. Jajaja!)

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    1. Jajaja vamos a ver! Pero si yo cuando algo no es verdad, lo digo! No te líes, sólo créeme!

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  8. No entiendo, ¿te querían de mirona? Un poquito de caridad, que al menos te hubiesen buscado una pareja, no?
    Menudos intercambios rarunos que hacías...humm...

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    1. Jajaja sí, eso era, um intercambio raruno

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