9 de enero de 2015

Un guitarrista y una mosca gigante

Vale. Voy a contar cuando casi me trago una mosca del tamaño de un camión. Un día para recordar...

Estaba, cómo no, en el restaurante en el que trabaja mi chico. Ya he comentado que es un sitio que me encanta y en el que me paso media vida. A veces, incluso currando yo también.

Esa noche a la hora de las copas había poca gente. Y era una lástima, porque en el escenario estaba José Garrido, un chico que toca la guitarra de puta madre. Escuchándole te quedabas con la boca abierta. (No, no fue así como casi me tragué la mosca, tened paciencia).

El caso, es que al estar el local casi vacío, tuve la suerte de sentarme en primera fila. Justo delante del guitarrista. Genial. Parecía un concierto privado. En mi mesa, justo delante del escenario, sólo Lluís y yo. Él haciendo fotos y vídeos, como siempre. Yo, con una cerveza en la mano y disfrutando de la música más de lo que esperaba.

Y al estar con la boca abierta... Pues me entró sed, claro. Y al tener sed... Pues bebí de mi copa, claro. Y justo en ese momento, en el que la cerveza ya estaba en mi boca, pero aún no la había tragado... Justo en ese momento, la vi! Una mosca de unos 7 kilos estaba flotando en mi copa!! Y yo con la boca llena de cerveza y de... Quizás... Caca de mosca?? Pis de mosca?? Baba de mosca??

A la mosca os la imagináis, no tenía yo cuerpo pa' fotos!


Mi primera intención fue escupir. Pero estando a puntito de hacerlo vi que estaba apuntando al escenario. Y tragué. No sé si por respeto o por vergüenza. O porque José Garrido tiene un ángel de la guardia y estuvo rápido ahí. Ni idea. El caso es que quise morirme. No sé la cara que debí poner, pero mi chico me vio desde la barra y vino rápidamente a preguntarme que qué me había pasado. Sólo acerté a señalarle la copa, descompuesta, ya sin saber si reír o llorar. Fue cuando Lluís, al ver el monstruo me dijo: "Mira, ya tienes anécdota para el blog!".

En fin, en ese momento no le vi la puta gracia, mi fobia a los bichos y el haber estado a punto de tragarme a la madre de todos ellos me lo impidió. Pero hoy,  reconozco que la cosa tiene su gracia. Así que aquí lo tienes, Lluís.

Ni que decir tiene que la noche acabó súper bien. A nuestra mesa se añadieron unos cuantos amigos y el propio guitarrista y acabamos, para variar, cantando y riendo la mar de a gusto. Yo me pedí otra birra y esta vez la tapé con una servilleta para evitar otro susto.

4 comentarios:

  1. Pues ya has tenido anécdota para el blog. Supongo que a la mosca le retorciste el pescuezo par que devolviera la cerveza que se había bebido. Saltos y brincos

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    1. Jajajaja qué asco, Ester!!

      Saltimbrincos!

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  2. La madre de todos los bichos era aquella criatura que encontró tu hijo en la playa. Guardadas las proporciones: pobrecilla, Telma, qué asco. Yo como sabes, soy de hacer lo posible por no matar a los bicho, sacarlos de la casa y pedirles que no vuelvan, ¡pero en la comida son otro cantar! ¡Y moscas! Las moscas en la comida -o en la bebida- son incluso más repugnantes que las cucarachas fuera de la comida.

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    1. Yo a esta mosca, de no haber estado muerta, la hubiera matado dos veces!!

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